El futuro de los latinos en Estados Unidos

heritage3Para analistas y expertos, el futuro de los latinos en los Estados Unidos una mezcla de potenciales, posibilidades pero también esfuerzos, sin los cuales no podrá haber ni ascenso ni integración de los hispanos a la sociedad norteamericana.

Según el más reciente libro del ex secretario de Vivienda Henry Cisneros, “Latinos and The Nation’s Future” (Los latinos y el futuro de la nación), que reúne importantes ensayos sobre los obstáculos que enfrentan los latinos en el futuro, para el 2050 los hispanos serán más de una cuarta parte de la población, pero una mayor cantidad demográfica no necesariamente significa mejor posicionamiento social, económico o académico, y que queda todavía mucho por hacer.

Si bien los autores quieren creer que los mejores días están todavía por venir, saben que ello será posible solo si hablan honestamente acerca del pobre rendimiento latino actual.

Como lo afirma el propio Cisneros, es fundamental hacerse esta pregunta sobre la población hispana: “¿será ésta grande e inculta, mal pagada, alienada y una fuerza disgregadora en la escena nacional ... o ... grande y educada, creativa, próspera y una parte muy activa de la historia estadounidense?”

Como ejemplo, Cisneros cita a California donde el bajo rendimiento de los estudiantes latinos ha arrastrado su clasificación académica al puesto 45 entre los 50 estados. A nivel nacional, si el resultado educativo para los latinos no mejora ahora, los Estados Unidos podrían sufrir una escasez de 12 millones de trabajadores con grados universitarios en 2020.

También, de acuerdo con datos del Censo de 2008, existe una brecha de $25,000 entre el ingreso familiar promedio de blancos no hispanos y el de hispanos. Más aún, como lo señala Harry Pachón, director del Tomás Rivera Policy Institute, hay un potencial claro de “pobreza multi-generacional” entre hispanos, particularmente para aquellos hijos de inmigrantes que crecen en barrios urbanos donde escuelas de baja calidad y alto crimen son comunes y la probabilidad de participación en pandillas o embarazos entre adolescentes aumenta.

Claro está que la responsabilidad es de los latinos —particularmente de ese 40% de recién llegados— de aprender inglés, tener un compromiso inmutable con la educación y, como lo pone Cisneros, reforzar “nuestra capacidad de ayudar a construir la nación en la que tenemos tanto en juego”.

Hasta cierto punto estos esfuerzos de superación están ocurriendo ya y debieran atenuar los pronósticos negativos de muchos. El número de latinos inscritos en educación superior se elevó casi un 25% entre 2000 y 2004. También es sabido que la demanda de clases de inglés entre inmigrantes a menudo supera la oferta.

La experta en inmigración Tamar Jacoby, argumenta que para que vayan más allá de un progreso moderado, los latinos requieren un mayor sentido de pertenencia. Entre los muchos grados de compromiso físico y psicológico con Estados Unidos, la naturalización representa “un crítico punto de no retorno ... cuando muchos empiezan a hablar de ‘nosotros’ en vez de ‘ellos’”, escribe Jacoby.

Buena parte del futuro éxito de los hispanos y del país depende de reformar el inoperante sistema de inmigración estadounidense. Porque mientras esta nación siga permitiendo que unos 10 millones de trabajadores hagan presencia en esta sociedad pero no sean miembros plenos de ella, es difícil pretender que se sientan más comprometidos con su futuro.

Sugerir que el aumento de latinos podría contribuir al deterioro de Estados Unidos, probablemente servirá de combustible para aquellos que ven la transformación demográfica de la nación como una amenaza. Pero Cisneros no parece preocupado. “Si alguien deduce con este mensaje”, dijo, “que éstas son circunstancias nefastas para este país, es porque seguramente lo creía desde antes. Lo que estamos tratando de hacer es mostrar el camino para evitar este tipo de destino”.

Una muestra del potencial futuro se encuentra en el crecimiento de los latinos en posiciones de poder en el actual gobierno norteamericano.

El número de hispanos en la Administración Obama que han sido designados para importantes cargos públicos, como el caso del chileno Arturo Valenzuela, asesor para asuntos latinoamericanos en el Departamento de Estado, totaliza ahora 25, o casi el 10 por ciento de un total de 252 en esa categoría.

En comparación, al final del primer año de mandato de George W. Bush, de 608 posiciones, 34 correspondían a hispanos, (5.59 por ciento), mientras que con Bill Clinton de 670 nombramientos 30 eran latinos (4.48 por ciento).